¿Tragedia?


La espantosa pérdida de la vida de más de cuarenta niños, y las mutilaciones y desfiguración de muchos otros, en el incendio del centro infantil ABC, ocurrido el viernes 5 de junio en Colonia “Y”, popular barrio del sur de Hermosillo, capital del Estado mejicano de Sonora, enluta no solo a nuestra América sino al mundo.

La mención a la tragedia, desusada no por la mecánica del siniestro sino por el número y la corta edad de las víctimas, recorre los cables y las manifestaciones públicas y privadas, desde el Papa hasta los presidentes del mundo entero.

Si por tragedia entendemos la referencia al dolor y la muerte, o como decía Aristóteles el conmover y horrorizar para obrar sobre las pasiones, compartimos el término. Pero en la tragedia clásica, los hombres eran juguetes del Destino o de los dioses y no podían escapar a lo que les estaba signado. Nada de esto ocurre cuando mueren niños de esta manera.

Recordamos solamente algunos de los últimos incendios mortales en instituciones destinadas a albergar niños y adolescentes: el 2 de julio de 2002, ardió el hogar “Piedra Libre” en Buenos Aires, con la muerte de Eduardo Nahuel (10 años) y Luis (14); el 22 de octubre de 2007, el Centro del SENAME “Tiempo de Crecer” en Puerto Montt, Chile, con diez víctimas fatales; y reiteradamente la Comisaría del Menor de Orán, Salta, con cuatro muertos el 25 de octubre de 12006 y otros cinco el 25 de diciembre de 2008.

En ninguno de ellos obró la fatalidad o el accidente, sino la negligencia y el desprecio por la vida de los niños allí asistidos. El fuego no es imprevisible, y su atroz capacidad de daño no es una sorpresa para nadie.

En los casos citados el común denominador ha sido la impunidad de los adultos, y la falta de reparación integral a las víctimas y a sus deudos. Esperemos que en Méjico no ocurra lo mismo.

Según las noticias, la guardería funcionaba en un local inadecuado, lindero a un depósito de neumáticos del mismo propietario que lo alquilaba al organismo oficial, y no reunía las medidas de seguridad apropiadas para casos de incendio. Recientes inspecciones, empero, lo habrían habilitado. La Justicia Mejicana, y en su momento el sistema interamericano de derechos humanos y el comité de Derechos del Niño de Ginebra, se pronunciarán desde distintos ángulos sobre estas responsabilidades.

Pero a más de los responsables directos, en todos los caos hay otros responsables de las muertes: los que no toman las medidas preventivas, pese a la repetición permanente de estos casos, los que obstaculizan y aun persiguen a quienes sí quieren tomarlas, y finalmente los que designan a personas ineptas o corruptas, o ambas cosas a la vez, en las funciones de las cuales depende la protección de los niños.

A ellos hay que pedirles cuentas por las vidas tronchadas, implacablemente y sin espacio para el olvido.

 

Atilio Álvarez
Defensor Público de Menores
Junio de 2009