Corría el mes de enero de 1998. Una
camioneta de transporte de adolescente internados en el Instituto
Rocca, que se dirigía a las 8 de la mañana hacia
Tribunales, fue asaltada por varios delincuentes mayores, en
dos autos con apoyo de motos. Itakas en mano, redujeron a los
tres hombres de custodia, obligaron a abrir el transporte especialmente
diseñado, y liberaron a uno de los jóvenes, involucrado
en un robo ocurrido el día anterior en la misma zona.
Pese a haber sido reconocido uno de los asaltantes, y a haber
brindado a la Policía sus datos y domicilio de inmediato,
no fue detenido.
Al día siguiente, en un marco de
campaña, una periodista gritó: "¿Por qué
no iba armada la custodia de los menores? ¡No hay seguridad!"
Cuando se le explicaba que el artículo 65 de las Normas
para la Protección de Menores Privados de Libertad, Resolución
Nº 45/113 de la ONU elaborada con fuerte participación
argentina, prohibe justamente armar al personal, y cuales eran
los motivos fundados de este criterio, la periodista, vociferó
despectiva: "¡Pero esto no es una ciencia!".
En esos mismos meses se realizaba, en el
Instituto Rocca, el trabajo científico que hoy presentan
el licenciado en Ciencias Políticas Germán Sarlangue
y el licenciado en Psicología Pablo Melicchio. El primero
es docente de Política Social de la UCA; el otro, ayudante
de cátedra en la Facultad de Psicología de UBA
y especializado en diagnóstico sobre adolescentes transgresores.
El fruto de la investigación científica responde
por sí mismo al cuestionamiento, con método y
principios que requieren especializaciones muy complejas y entrecruzamiento
de especialidades. Por eso pueden dedicarse a esto solamente
los que saben.
Pocas cosas son tan dignas de estudio como
el chocante y antinatural "delito juvenil". Pocas
cosas son tan entendibles como la respuesta violenta y transgresora
de los hijos de una sociedad que educa en la violencia y en
la impunidad de la transgresión.
Ambos autores, que se desempeñan
profesionalmente en el Consejo Nacional del Menor y la Familia,
coinciden -desde ciencias distintas- en un supuesto fundamental
de la investigación científica: buscar la verdad
es adecuar nuestra inteligencia a lo que las cosas son. En cambio,
colocar forzadamente la imagen que tenemos de la realidad dentro
de nuestros esquemas prejuiciosos, es cultivar ideologías.
Desde el realismo metódico han edificado
día a día, y caso por caso, sin compromisos ni
respuestas "a priori", una investigación que
no dudo en calificar como única en su género en
nuestra América.
Para remontarnos a algo similar deberíamos
hurgar en los estudios de Carlos Arenaza sobre doscientos "niños
delincuentes" alojados en la Prisión Nacional (la
vieja cárcel de Caseros) publicados en francés
en 1938, o en el interesante ensayo de Julio Aparicio llamado
"Delincuencia Juvenil Urbana", sobre cien casos de
jóvenes presos de la Unidad Penitenciaria de Marcos Paz
entre 1980 y 1983.
El primero de ellos se limitó a
un espicialísimo estudio oftalmológico. El segundo
señalo 28 variables criminológicas en adolescentes
que la ley penal de entonces consideraba imputables y bajo régimen
de tratamiento adulto.
Arenaza y los hombres de su tiempo cimentaron
-con todas las críticas y las limitaciones de lo humano-
lo que en la década de 1950 fue el gran avance argentino
en la materia: colocar el límite de imputabilidad e incriminación
en los 16 años.
Aparicio analizó el último
tramo del gran retroceso de 1976-1983, que fue bajar el límite
de imputabilidad a los 14 años, error en el que algunos
pretenden reincidir.
Sarlangue y Melicchio hacen hoy una radiografía
científica del sistema judicial-administrativo de atención
de los adolescentes que transgreden la ley penal en la Capital
Federal, sean o no imputables, y desnudan la verdad sobre este
tema.
Son 325 casos, es decir 325 vidas que dieron
su aporte, anónimo y respetuoso de la intimidad, para
poder mostrar la naturaleza del problema a todos los que quieren
conocer antes de opinar.
No se estudian aquí "causas"
del delito, ni se pretenden aún análisis criminológicos.
No hay atisbos de "neolombrosianismo" ni de determinismo
alguno. Nadie busca "el gen de la violencia", ni remedios
milagrosos. Han trabajado sin prejuicios, tan sólo con
hipótesis que se confirman o descartan con igual humildad.
En realidad, en esta investigación
los "estudiados" no son los chicos, blanco eterno
del dedo acusador de los adultos. Los estudiados somos nosotros,
los operadores adultos del sistema, y el silencio de los chicos
será el gran acusador de nuestros mitos y de nuestras
hipocresías.
Porque la atenta lectura de un trabajo
de alta y compleja precisión estadística pone
en evidencia la cruda oposición entre un mundo de lugares
comunes, de opiniones sin fundamento y conclusiones sin rigor
científico, y otra realidad de certezas que no sirven
a un tremendismo paralizante ni minimizan los problemas realmente
graves de la juventud argentina.
Por eso, si tuviera que subtitular la investigación
de Sarlangue y Melicchio, le pondría "del mito al
logos en derecho de menores". Y paso a invitar al lector
para que -papel al lado para cuentas y notas, y resaltados en
mano para remarcar cifras y conceptos- estudie detenidamente
este ensayo y saque de él las conclusiones que sirvan
para mejorar las respuestas al problema.
Para que este prólogo sea más
heterodoxo todavía, lo invito a que después de
leído el trabajo, de Sarlangue y Melicchio, intente responderse
a sí mismo algunas cuestiones como éstas:
¿Crece la "delincuencia"
adolescente en la Capital Federal?
La tabla 1 responde: las oscilaciones de ingresos
entre 1995 y 1998 son mínimas, si se tiene en cuenta
el cierre temporario parcial del Instituto Belgrano, de 60 plazas,
por obras en 1997. El promedio de ingresos anuales está
en 900 jóvenes. No llega a 2,5 casos por día.
¿Qué edades tienen los chicos detenidos
por la Justicia de Menores?
La tabla 2 responde: el 41,4% tiene 17 años;
el 35,5% tiene 16 años cumplidos. Si se le suman los
casos de jóvenes detenidos después de cumplir
18 años por hechos cometidos antes de esa edad, vemos
que más del 82% son menores de edad imputables.
Si el hecho tiene gravedad suficiente y se comprueba "prima
facie" la autoría, como en caso de adultos, estos
jóvenes irán a juicio oral ante un Tribunal especializado.
¿Pero no eran todos inimputables,
irresponsables, insusceptibles de reproche alguno o privados
de toda forma de proceso?
Sólo 54 chicos de 15 años,
y ¡3 de 14 años! -sobre 325 casos- ingresaron al Instituto
Rocca en 1997. O sea uno cada tres días en una ciudad
de tres millones de habitantes y zona de influencia sobre nueve
millones más. Respuesta elocuente de la realidad.
¿Qué hechos se dice que han
cometido estos jóvenes?
Y pregunto "se dice que han cometido",
porque seguramente habrá entre ellos algún inocente,
al menor en la misma proporción que entre los detenidos
adultos. ¿O acaso la Policía y la Justicia sólo
puede equivocarse con los grandes, y nunca yerra cuando se trata
de chicos? Sabemos de chicos que "cargan" delitos
de adultos, a veces de sus propios hermanos a instancias de
los padres.
La tabla 3 responde: el 63% son hecho
contra la propiedad. No llegan al 10% los hechos contras las
personas. Hay un solo caso de delito sexual.
Las tablas 19 y siguientes explican con precisión
el tema. Sólo 5 chicos -de 325 casos- ingresaron involucrados
en homicidio, lo que no quiere decir 5 muertes, pues habitualmente
hay varios chicos en un solo hecho. Por violación uno
solo, y tres por disparo de armas de fuego. ¡Y aquí surge
la alarma!, 44 por robo con armas y 10 más por tentativa
de ello.
¿Quién le dio las armas a estos
chichos?
Esos jóvenes por mes reciben del
mundo adulto un arma de fuego en sus manos que tiembla, que
temen, que bravuconean, que responden al primer estímulo,
que se crispan, que oprimen el gatillo porque sí.
ARMA + CHICO = MUERTE.
O MATA, O LO MATAN O SE MATA. NOS HEMOS CANSADO
DE REPETIRLO.
Hay por los menos 10 y 30 adultos por mes
impunes por el grave crimen de armar a un chico y convocar a
la muerte. Absolutamente impunes.
¿Entran por una puerta y salen por la otra?
En realidad saldrán por la misma
puerta por la que entraron y habitualmente por orden del mismo
Juez que dispuso el ingreso.
La tabla 7 responde, con la minuciosa distinción
día por día de la tabla 42: La media de permanencia
es 28 días. El 56% de los chicos egresa en el primer
mes, otro 40% en el segundo. Sólo un 4% de los jóvenes
permanece más de 60 días en evaluación.
De todos ellos el 18,5% (menos de 1 cada
5) es diagnosticado como necesitado de un tratamiento en régimen
cerrado.
Sobre 1000 casos anuales, unos 200 chicos.
Esa es la dimensión del "delito juvenil" grave
en la ciudad de Buenos Aires. Un problema serio y difícil,
pero no insoluble. Y para nada vinculado a la baja de edades
de imputabilidad, porque la amplísima mayoría
de estos casos se escalonan entre los 16 y 17 años, o
sea en la franja que ya es imputable.
¿Hay hacinamiento en el sistema de recepción?
El gráfico 5 y la tabla 45 son crueles.
Señalan los distintos momentos del sistema y el impacto
de las actitudes sobre el tema.
Se agolpan las preguntas.
¿Cómo se explica el pico de crecimiento
de mayo de 1997? ¿Solamente por un mayor ingreso de chicos de
la Provincia de Buenos Aires llevados desde las comisarias del
conurbano al Instituto Rocca en virtud del convenio SIM?
¿Por qué baja la población
en agosto de 1997, cuando comienza a transparentarse en informes
estadísticos la evolución diaria del sistema?
¿Por qué sube en cada mes de enero
para volver a bajar en febrero? ¿Tendrá que ver con conductas
de los chicos o con las vacaciones de los adultos?
¿Por qué en enero de 1998, en vísperas
del ataque -no sólo de delincuentes armados- que relaté,
se llegó a la cifra más baja (89 chicos), que
después trepa inconteniblemente hasta llegar a los 178
finales?
¿Qué significa esta duplicación
de adolescentes privados de libertad?
No se advierten más delitos, ni
más ingresos de muchachos. Al contrario, en 1998 hubo
menos ingresos que en 1997 (ver Tabla 1).
¿Habrá mayor lentitud en la derivación?
¿Por qué? Algo pasa en el mundo de los adultos, que ocasiona
el regreso al hacinamiento de chicos privados de libertad sin
que nadie diga nada.
Para que con menor número de ingreso,
la población diaria se duplique, tiene que haberse duplicado
el tiempo de permanencia en privación de libertad.
Tendrá algo que ver con el titular
a toda primera plana de un matutino del 12 de febrero de 1998:
"PROYECTAN JUZGAR A MENORES COMO ADULTOS. Es una iniciativa
del gobierno para frenar la delincuencia".
Si es así, este trabajo científico
de Sarlangue y Melicchio mostró la cruda verdad. La realidad
entrega gustosa sus secretos a quien sabe preguntarle por ellos.
A Uds., lectores pacientes de un prólogo
extraño, les competen apreciar esa realidad y extraer
consecuencias.
A los autores, mis felicitaciones desde
el lugar de la búsqueda permanente de un saber difícil
y escurridizo. Y el deseo de que sigan avanzando en otros ámbitos
de análisis que lo necesitan: ¿qué pasa en Gran
Buenos Aires, en Córdoba o en Rosario? ¿Será lo
mismo? Falta indagar sobre otras variables familiares y sociales.
Las causas socioeconómicas son muy fuertes, pero no son
las únicas.
Mientras haya investigaciones como la suya,
licenciado Sarlangue y Melicchio, la sociedad no podrá
ser engañada por los vendedores de mitos.
¿Vio que esto es ciencia, Señora
Periodista?