Estimada amiga:

Quiero compartir con Ud. una noticia, que por supuesto no será noticia en los medios.

El viernes 22 de mayo el Tribunal Oral Federal N° 3, integrado por los Dres Larrambebere, Pons y Hervot, sentenció la absolución en el proceso que me había decretado el infame juez Bonadío, secuaz e instrumento de lo peor de la política argentina.

Tras analizara lo largo de cuatro jornadas quince testimonios y la reconstrucción de documentación que la intervención del Consejo Nacional a cargo de Eva Gatica había destruido u otros ocultaban – algunos estaban felizmente en sus originales en archivos provinciales-, todo la mentira urdida por Bonadio y el fiscal de primera instancia Di Lello se deshizo como la escarcha ante los rayos del sol.

La misma fiscalía interviniente ante el Tribunal Oral ( un equipo de fiscales muy serio que llegó con una idea y que se fue sorprendiendo a medida que los testigos relataban las urgencias generalmente basadas en muertes de adolescentes, mostraban las fotos de las obras y las copias de documentación en su poder), pidió la absolución al alegar con un fundado y minucioso análisis de la prueba.

Se me acusaba de haber tenido interés en beneficiar a dos arquitectos, diplomas de honor de la UBA, al contratarlos trimestralmente en octubre de 1995 por $2600 mensuales para proyectar y ejecutar por sistema de administración las reformas necesarias en instituciones de seguridad. Fueron catorce obras, durante dos años, todas en distintos tiempos y lugares ( Mendoza, Capital Federal, La Plata, Campana, Marcos Paz, Mar del Plata, Tigre, Tucumán, Rosario, etc.), y cada una de ellas por montos inferiores al limite de licitación pública. Ello en el marco de un centenar de obras realizadas por el Consejo en casi una década, con participación de otros muchos arquitectos.

La mención en el procesamiento a la sumatoria de valor de las obras, cuando los contratos no superaban el 6,66% del monto total, inferior al arancel de arquitectos, y el desaforado monto del embargo, llamaba ex profeso a confusión sobre un perjuicio económico, si bien todos los gastos estaban documentalmente rendidos y el procesamiento se basaba justamente en la existencia de un interés no económico. También se probó que ni siquiera conocía a los arquitectos con anterioridad a los primeros trabajos que efectuaron a total satisfacción.

Mi agradecimiento a quienes no creyeron en esa patraña.

Se cierra una etapa de la lucha personal que mantengo contra esa camarilla. La seguiré mientras Dios me dé aliento de vida.

Mis cordiales saludos

Atilio Álvarez


Buenos Aires, 24 de mayo de 2009,
Fiesta de Maria Auxiliadora.